El Hermano Branham nos dijo: “Y mientras Dios siga llamando, aún continúa la edad apostólica; ‘porque la promesa (la promesa que fue en ese entonces) es para vosotros, y para vuestros hijos, todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare’”.
Esta hermana contribuye a espigar los campos testificando a una compañera de trabajo que busca la Verdad.
Trabajo en una oficina con una señora que anda por los cincuenta años. De niña, no gozó de una convivencia grata con su madre. Es muy bondadosa y se ha franqueado un poco conmigo. Es notorio que le hace falta el amor hogareño y familiar.
Por la gracia de Dios, me he visto bendecida al poder escuchar sermones con ella mientras trabajamos. No comentó nada sobre el contenido; solo mencionó: “La voz de ese hombre podría arrullarme; es muy apacible”.
Conversamos sobre nuestros hijos, así que ayer le conté que mi hija Joy asistirá al campamento la próxima semana. Indagó sobre el campamento y, como mostró tanto interés, le envié el enlace de la página donde publican fotografías de los campamentos.
Mientras ambas trabajábamos en nuestros escritorios (no podemos vernos porque están separados por cubículos), comenzó a decir: “¡Oh, vaya, vaya!”. Le pregunté: “¿Qué pasa?”. Contestó: “¡Esos muchachos se ven tan dichosos! ¡Todos están muy sonrientes! ¡Andan reunidos con tanta alegría!”. Siguió enfatizando la felicidad que reflejaban. ¡Coincidí en que estaban muy alegres! Luego, mientras avanzaba en las fotografías, constantemente la oía comentar sobre el aspecto de los jóvenes. Cuando llegó a las fotografías del Tiempo a Solas, me preguntó qué estaban haciendo. “Parece que están leyendo un libro…”. Le expliqué todo. Comenzó a llorar y comentó: “¡Oh!, me encantaría ir a un lugar así para alejarme de todo. Se ve tanta paz”. Le conté que no se admiten teléfonos ni dispositivos electrónicos. Le expresé lo afortunada que es Joy de poder ir y lo mucho que ella lo aprecia. Preguntó: “Veo que todas las muchachas usan faldas. Recuerdo que me dijiste que no cortarse el cabello está en la Biblia, ¿pero usar faldas es propio de tu religión o también está en la Biblia?”. Le respondí que mi “religión” ES la Biblia y que sí es Bíblico que la mujer no se ponga pantalones.
Ella se deja crecer el cabello y me contó que su esposo la ha animado a cortárselo porque causa muchas molestias, pero ella no quiere. Le aconsejé que nunca lo hiciera; que lo lamentaría.
A la mañana siguiente, cuando comenzamos la jornada, me sorprendió su comentario: “Durante toda la noche pensé en ese lugar”. Sabía a cuál se refería, pero quería que lo detallara, así que le pregunté: “¿Cuál lugar?”. Respondió: “El lugar que me mostraste ayer. Medité en él durante toda lo noche. Es muy bonito”. Entonces dijo algo que me maravilló: “No más piensa en lo que harán esos muchachos más adelante tras haber estado en un lugar así”. Añadió: “Después de ir a un lugar así, harán cosas sobresalientes”.
En los rostros de nuestros jóvenes mi amiga vio algo que la impresionó. Sabe que hay algo distinto, pero no lo puede identificar. Por favor, oren por ella y para que Dios me dé sabiduría. Ella es una persona preciosa. Anhela amor y Dios me mostró que queda trabajo misionero que cumplir aquí; sigo espigando los campos.
Dios los bendiga a todos
Y creemos que nuestro Señor viene pronto y en este momento solo estamos recogiendo, espigando en los campos la—la porción que queda, como Rut en los campos, supongo, recogiendo lo que se puede salvar. Y Dios ha predestinado vida eterna; eso es lo que tratamos de cosechar. Y me alegra mucho saber que vivimos en los—unos de los días más grandiosos en los que ha vivido el hombre, en la víspera de la venida del Rey (El Mensaje a Laodicea, 58-0609).